Con la llegada del verano, cada vez son más las personas que buscan perder, de una manera rápida, los kilos que se han ganado durante el invierno. Existen mitos que, según la unidad de nutrición son incorrectos, poco efectivos y, lo más importante, poco saludables a la hora de intentar adelgazar.

Los errores más comunes

No hacer las 5 comidas. Perder peso no significa comer menos ni suprimir comidas durante el día. Es importante mantener la rutina de las 5 comidas para no tener la sensación de hambre. Se necesita que el cuerpo y el metabolismo sigan trabajando correctamente; que la persona mantenga la energía y no se sienta cansada; y por último no caer en la tentación de picar entre horas.

Poco consumo de agua. Como acompañamiento de una pauta alimentaria es necesario el consumo de agua durante el día. Se recomienda beber entre 1,5 y 2 litros de agua diarios para sentirnos por un lado hidratados y por otro, saciados.

Compensación de extras no comiendo. Muchas veces, si durante el día se hace una comida copiosa y muy calórica, para compensar el exceso de ingesta, muchas personas deciden no comer nada durante el resto del día y las siguientes comidas. Esta solución es poco efectiva ya que si se eliminan comidas lo que se generará es un aumento del apetito y acabar comiendo en exceso en la próxima comida.

Pensamiento equivocado de los alimentos integrales o bajos en grasas: Este tipo de alimentos en sí no adelgazan. En el caso de los integrales, el alto contenido en fibra sirve como efecto saciante pero también tiene calorías.

Poco consumo de fibra. Un consumo de fibra óptimo para nuestro cuerpo nos aporta sensación de saciedad y un buen tránsito intestinal.

Si se pasa hambre, adelgazas: La clave para perder peso se basa en una dieta equilibrada. Es decir, comer de todo con las cantidades adecuadas. El hecho de pasar hambre empeora la calidad de la salud a corto y largo plazo.

Para perder esos kilos de más de una manera sana y saludable, recomendamos acudir a un especialista. Los nutricionistas ofrecen la solución óptima para cada persona. Para diseñarla primero hacen un seguimiento de los hábitos alimentarios y de vida de cada paciente. Después hacen un estudio del Índice de Masa Corporal (el porcentaje de grasa, masa muscular y de agua del que está compuesto nuestro peso) para así hacer una radiografía de la persona y establecer cual es el peso ideal y sus necesidades alimentarias.

El éxito de una dieta, a largo plazo, pasará por reconocer los puntos débiles y los errores de cada persona en sus pautas alimentarias. Así, una buena dieta será aquella que se adapte a las características y necesidades de cada persona. Además, debe reconducir los malos hábitos hacia pautas saludables y evitar el temido efecto rebote o yoyó.