La lipodistrofia es una acumulación de grasa en un lugar determinado del cuerpo que desarmoniza la figura.  Se trata de una alteración bastante habitual producida por causas hereditarias u hormonales.

Estas localizaciones, que pueden variar en función del sexo. Se dan con mayor frecuencia en abdomen, nalgas, caderas, muslos, rodillas e incluso bajo el mentón.

Aunque son dos alteraciones que coexisten con frecuencia, no debemos confundir la lipodistrofia con la celulitis.

La lipoescultura permite suprimir los depósitos de grasa en determinadas zonas corporales que se resisten a dietas y ejercicio.

Son candidatos a una lipoescultura las personas con un peso relativamente normal que quieran remodelar la silueta.  No es una cirugía para adelgazar.

¿En qué consiste?

La intervención consiste en extraer la grasa sobrante de la zona afectada aspirándola con finas cánulas. Esa misma grasa, en caso que sea necesario, se puede usar para moldear la zona tratada u otras zonas mejorando la figura y el contorno corporal.

Esta técnica es cada vez más popular por su efectividad, ya que la grasa extraída no vuelve a aparecer. Esto se debe a que el organismo deja de reproducir células grasas al acabar la pubertad. Por lo tanto, siempre que la liposucción se realice a partir de los dieciséis años aproximadamente, la lipodistrofia no reaparecerá.

La duración de la cirugía varía en función de la cantidad de grasa a extraer y del número de zonas a intervenir. Una vez finalizada la intervención, el paciente deberá llevar una faja de compresión elástica durante un mes que le ayudará a reacomodar la piel sobre el nuevo volumen.